El Bus, ¿transporte o espectáculo?
El bus es el medio de transporte que habitualmente uso para desplazarme a la universidad, es un auténtico show, todo un teatro ambulante que recorre la ciudad, cada día hay una actuación diferente, con diferentes intérpretes, muchos de ellos repiten sucesivamente a diferentes horas…
El otro día la obra se llamaba Accidente, fue de las mejores a las que yo haya asistido, un día que parecía normal, con un conductor novatillo o al menos yo nunca le había visto antes, la gente habitual pero algún intérprete no común también participó, de repente un estruendo nos sobresaltó (y los gritos de alguna señora también), mirada refleja hacia la derecha del vehículo, ver volar un retrovisor, una de las lunas oblicuo-frontales también voló (o se despedazó). El “autobusero” (algo acojonadillo) inmediatamente llamó a la empresa para informar del accidente, y fue a tomar los datos pertinentes del camión accidentado que estaba subido a la acera (era uno de estos repartidores típicos), pasaron unos 20 minutos y un goteo de gente que se bajaba del bus con malas caras porque tenían que ir andando hasta su destino (universitarios en su mayoría), que por las caras, largo trecho les esperaba…Yo también tenía que ir a la uni, pero llamémosme “pachorras” u “obstinado”, me quedé allí porque si había gastado un bonobús para llegar al destino por el que había pagado no me pensaba desplazar de otra manera que no fuera en ese transporte hasta mi destino (en helicóptero tampoco me hubiera molestado llegar…).
Llegó el momento de máxima tensión (el cenit de la obra), esto fue cuando el conductor de refilón le dijo al dueño del camión que no pensaba salir de allí con la luna rota (risas generales), una señora se le puso a gritar: “¡cómo que no! ¿entonces?”. El pobre chico, que hasta daba pena, le decía que otro coche nos llevaría pero que no sabía cuando llegaría y que otro bus con el mismo recorrido iba a pasar pronto por allí. Todo se calmó (medianamente) cuando dijo que no tendríamos que pagar nada, con avisarle al conductor era suficiente (así fue).
En el nuevo autobús comentamos la jugada los que allí lo habíamos vivido, con caras de resignación y sonrisas de obligada conformidad sobre lo que había pasado…
Nuevo bus, nuevo escenario, aquí actuaba una niña como principal protagonista (pero merecido papel y admirado por mi parte), ésta (12 o 13 años la calculo) tiene un retraso físico que la dificulta gravemente su andadura normal (y más en un bus), apenas pronuncia adecuadamente las palabras, pero se la ve con una alegría que contagia, va todos los días hasta la palomera (yo creo que va a nadar), ella sola (y divinamente). Bueno pues a la hora de bajarse, la señora que antes había abroncado al autobusero accidentado, agarra de la mano a la niña, que iba a bajarse, para intentar ayudarla se supone, pero nada más lejos de su propósito, la niña se queda mirando la mano que la sujeta y la impide terminar de bajar las escaleras, la mujer no la suelta hasta que escucha el grito del chófer: “¡SUÉLTELA!”, la mujer asustada la suelta inmediatamente (vaya día lleva la señora y apenas dan las 10 de la mañana…), la niña contenta se despide del conductor como todas las mañanas, baja del bus cargada con su mochila y su sonrisa de satisfacción. Próximo reto a superar: ¡la piscina!
Me consta ke tu del autobus que has pagado no te bajas, ni aunque te vaya la vida en ello.jajajaja.
¡Cómo lo sabes! :P
URL TrackBack para este post:
Yo siempre busco cosas de esas en mi autobús,pero o no suele pasar nada interesante,o yo no sé mirar,o voy en mi mundo y no me entero,o la gente de aquí no es divertida.