Declive

Crónicas en la despensa

21 de Julio 2004 a las 01:00 AM

Otro pasaje del teatro de la vida: El Tren

Hoy he vuelto a encontrarme con mi particular mundo real. Diez días de desconexión de todo aquello que durante el resto del año es monotonía, diez días de diversión, playa, dolor de cuello y espalda, y sobre todo de muchas risas.

Éramos mucha gente en la "expedición" pero aun así creo que se supo llevar muy bien, o lo mejor posible, todo aquel batiburrillo de ropa tirada y comida para parar un tren (he cogido 2 kilos (más)).

Como en otros blogs es posible que también se comente lo acaecido en estos días, me he decidido por contar algo sobre “mi” viaje de vuelta que ha sido cuanto menos peculiar:

Cogemos sin problemas el bus para llegar a Oviedo, todo el viaje durmiendo, mi compañera “aleatoria” de bus dándome cabezadas, yo respondía periódicamente con las mías, cuando se bajó en Avilés la despedida fue una sonrisa cómplice de: “¡qué bien hemos dormido eh!!”. Llegamos a Oviedo con la caraja encima de tanto dormir y dejando atrás un ligero sentimiento de inseguridad ya que el embrague del vehículo estaba algo fastidiado.

En la estación de buses nos confirmaron los rumores de que no había transporte disponible hasta el día siguiente a las 12 de la mañana (¿qué pasa que en León somos nómadas o qué?), una cosa increíble, así que nos vemos obligados a acercarnos a la estación de trenes donde la suerte nos acompaña y cogemos uno de retorno.

En el vagón de los esclavos, he te aquí que me encuentro una de esas estampas que encanta encontrar cuando estás despierto y aburrido: un par de singulares personajes protagonizaban la “Obra del Tren”, ambientada con una canción ecologista (hay que salvar la ballena, au au auauauuu) que era repetida una y otra vez, un niño corista acompañaba con su inocente voz la consigna y animaba al cantarín para que continuara con alguno más de sus múltiples a la par que cansinos hits.

Todo el vagón estaba ya con cierto resquemor por las voces de aquel hombre que no callaba ni debajo del agua, durante el viaje le dio tiempo a ser bombero, músico, agricultor, ladrón, preso y todo lo que se le pusiera por delante, su amigo trataba de hacerle callar pero era inútil…

Cantarín:-“¡¡Dónde está el chorizo!!”
Amigo del cantarín: -“¡YA TE LO HAS COMIDO!…”

Mientras, a mi izquierda, una pareja de homosexuales, de esos que no dejan la menor duda de que lo son, y oye, si les ves darse un pico y continuos arrumacos, descalzos ambos y con una chaqueta que cubría sus depiladas extremidades inferiores, creo que queda confirmado. Uno de ellos le mandó a tomar por el culo al personaje cantarín, le dijo que no le daba la gana de cantar porque él se lo pidiera, la pareja tenía su propio choteo con el hombre aquel (no era para menos, yo porque estaba solo, que si llego a ir con alguno de mis amigos, hubieran sido múltiples las coñas y ocurrencias a su respecto), el cantante le obligó (a uno de los dos) a que se dejara de comer las uñas porque decía que le ponía nervioso (no lo creo, porque aunque el chico lo hiciera muy amanerado había unos cuantos metros de distancia entre ellos), más bien fue un vacile por su cachondeo algo descarado, también le molestó bastante al cantautor que le grabara otro chico con una cámara, por un momento pensé que se levantaba y se la escojonciaba, pero todo quedó en simples advertencias (¡No me vas a grabar más!).

Dichos gays eran tan gays que pronunciaban la “S” de una manera muy peculiar, tanto que al principio cuando les escuché hablar pensé que eran portugueses, pero cuando escuché un par de frases y les entendí comprendí que estaba en un error.

A mis doce se encontraba una mujer muy bella, que en su juventud debió ser toda una miss, en mi opinión era una asidua a dicho tren porque iba leyendo, habló un par de veces con el interventor de manera muy natural, tanto que hasta le dijo con toda cordialidad y confianza que hacia demasiado frío en el habitáculo. No sé como pudo leer ni una sola página de aquel texto que titulaba “Nivel 5”, ya no recuerdo su autor, con aquel continuo vaivén de voces, cánticos y risas de los pasajeros cercanos a los dos “circenses” por así nombrarles.

Por fin llegamos a meta, con mucho cansancio pero con la ilusión de encontrarnos con nuestra querida cama para soñar con las ballenas y su debida salvación.

P.D.: ¡En un camping siempre habrá niñas guapas y nenes embrutessíos!

Comentarios

tenian q contratar al tipo ese para hacer mas ameno el viaje y para entretener a los niños.

FeRrius (el chico de hierro) el 21 de Julio de 2004 a las 03:56 PM | link | Responder.

si bueno, pero con todo lo que nos vacilaste con tu "nueva" cama seguro que te mereció la pena no? :-p. Por cierto con es que no había buses pa leon? que raro..

LauRiDe el 22 de Julio de 2004 a las 09:48 PM | link | Responder.

La llegada a mi cama fue apoteósica, ella me esperaba con toda su dulzura, mas buena...Dormí como un ángel.

Eso de esperar por los buses se está convirtiendo en una desagradable costumbre...;)

Txoak el 22 de Julio de 2004 a las 11:37 PM | link | Responder.
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