Ponendo ponens y cenas fantásticas
Estaba en un pub de León, en el piso de arriba del mismo y me encontraba muy inseguro, sobre todo cuando a mi alrededor la gente saltaba Recordé (no fui el único) unas imágenes dos años atrás de una discoteca que se hundía durante la celebración de una boda en otro país (Turquía creo). La parte central del suelo de la misma se iba abajo acompañado del resto de personas que lo pisaban. Hubo gente que se quedó a menos de un paso de la muerte, parejas abrazadas y alegres, celebrando un futuro de felicidad opulenta. Y hete aquí que topamos con la incógnita de la existencia de un destino ya escrito, o no.
Éste es un tema bastante debatido entre mis amigos, y mi opinión, desgraciadamente, diverge con mi deseo. Es decir, que no creo en un destino inmóvil pero me encantaría creer en él. Seguro que Tim Burton está a favor del no-destino y se pasa los días soñando con mundos jamás inventados, donde no existe ningún límite y todo es posible, todo. Para él no hay tamaños ni atmósferas si quiera, seguro que si nos dejara entrar en su cabeza habría un recibidor oscuro y polvoriento en el que se leyeran letras torcidas y desgarradas, alguna frase genial, o tal vez sólo una palabra o una sola sílaba que sin anterior sentido luego fuera la clave de su existencia, la base de su conciencia.
Me asomé tímidamente y me quedé quieto tras dar el primer paso hacia su interior, paralizado, disfrutando de su universo personal sin cielo, sin puentes ni esquinas. Con criaturas geniales volando dentro de un cubo de agua, niños canosos pidiéndome un saco de arena para hacer un castillo a la orilla del más magnífico lago de espuma transparente y rosa, y justo en medio una canoa junto a una casita rústica con una chimenea humeante y cálidas llamas reflejándose en los ventanucos que dan al porche de la construcción flotante. Una chavola maravillosamente atrayente, lo suficiente como para no ser capaz de resistir la tentación de ir nadando hacia ella y descubrir olores y texturas sutiles cenando con Burton un menú de ensueño:
Primer plato (sin entrantes):
-Soufflé de iris de elefántomo agrimargo bañado en sus dulces bigotes.
Segundo plato:
-Consomé de zanalletas, hueso de tritón escandinavo, perejil escocés y crolates.
Primer postre:
- Gañotes de perlas blandas.
Segundo postre:
- Tomientas frescas bañadas en trulafas flameantes.
Tercer y último postre (el de rigor):
- Troncos de pepino con hierbajos.
Y como colofón:
- Licor Zombizumo en salsa verde servido en vaso helado.
P.D.: Desgraciadamente he despertado de esta fantasía, de nuevo en casa, extrañamente eufórico y con la ropa llena de migas de tomienta y hierbajos.
mmm, zanalletas y trulafas, esas si q estan ricas XD
parece q de beber te dieron el licor ese de "año mariano"
-tu me estruñes??
Sí, bebí de la destilación numero 9, y esperfuré.
Las zanalletas bocata di cardinale!
Muchas truncias.
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Tengo que decir que ese menú no me parece para nada apetecible.