Declive

Crónicas en la despensa

Abril 21, 2006 03:33 PM

Midiendo la oscuridad (cuento primaveral)

En mi pueblo, allí donde las nubes van en rebaño y las ovejas están siempre despistadas, como en las alturas, iba un día paseando mientras las flores jugaban a ser estadio de fútbol y se lo pasaban en grande haciendo la ola, y me crucé a un hombre que llevaba un aparejo muy extraño, era como una manguera pero que terminaba con una antena.

Me saludó pero le vi con prisas. Eso no es típico en los pueblos y por eso le dije que si era un broker de bolsa que ni por todas las prisas del mundo que se diera, llegaría al cierre de la sesión vespertina. Me respondió con una sonrisa y un gesto de invitación a seguirle. Decidí hacerle compañía y de paso que me explicara para qué usaba ese chisme que tan intrigado me tenía.

A paso ligero me iba contando a qué se dedicaba. - “Medidor de oscuridad” - me dijo, a lo que yo repuse que si no eran todas las oscuridades iguales. Sonrió y me sacó una tabla de valores del Oscurímetro pero ya había entrado la noche y en mitad de aquel bosque entre la velocidad con la que andábamos y que no había mucha luz, no pude concentrarme demasiado en la hoja.

De repente, en uno de esos claros del bosque desde donde se inventan todas las historias de terror, se detuvo y accionó el mecanismo. - “En efecto” – asintió pensativo. Me pidió que mirara al cielo y le dijera si faltaba algo. Yo no sabía nada de astronomía, le expliqué, pero que ese cielo tan abarrotado de estrellas tenía un hueco central que llamaba la atención. Entonces me explicó que las estrellas eran unas caprichosas y que les encantaba formar constelaciones, a veces dejaban esos huecos dejando excesivamente a oscuras algunas zonas y los árboles y todos sus inquilinos tenían miedo de que alguien ajeno al bosque penetrara en mitad de la noche aprovechando la falta de luz.

Tras terminar su explicación enfocó el extremo de la antena al cielo y apuntando a un grupo de estrellas las desplazó hacia la zona oscura. No me lo podía creer, era lo más increíble que había visto en mi vida pero como si de ponerse a ordenar la habitación se tratara, nos fuimos moviendo por todo el bosque colocando constelaciones, moviendo cada sueño que de niños pedimos al cielo. Y eso era precisamente, las estrellas se arrimaban sólo si los sueños que las habían puesto allí eran parecidos.

Cuando terminamos la búsqueda y el reparto estelar regresamos al pueblo, se despidió montando en su coche, otros bosques le esperaban. Al llegar a mi cama y apagar la luz me asomé a la ventana para ver ese día por última vez y al subir la mirada en mitad del firmamento se podía leer: Gracias Juan y no temas, todos tus sueños siguen a salvo.

Comentarios

!!!!!! (sin palabras estoy)
lo d primaveral supongo q sea por lo de las flowers esas del principio

q poca imaginacion tengo yo

xxx

Úrsula el 21 de Abril de 2006 a las 06:50 PM | permalink.

Mola mogollón, hiciste bien en colgarla, si es que.. hay que hacerme más caso :-p. Si le vuelves a encontrar, dile que deje alguna por mii habitación, la acepto como regalo de cumpleaños en lugar del Manatee :-p

María (Manza) el 21 de Abril de 2006 a las 10:02 PM | permalink.

...Preparados para hacerse realidad algún día de estos!
Me ha encantado el cuento!:)

Un besote!

Idun el 22 de Abril de 2006 a las 05:18 PM | permalink.

Q bonito relato es uno de los q mas me gustan.Cada dia escribes mejor.Espero q con el enlace de mi espacio t visiten mucho.Besos desde los madriles.

Estela el 22 de Abril de 2006 a las 05:36 PM | permalink.
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